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Menos “año perfecto”, más “año real”: 4 consejos para planificar tu año sin frustraciones
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Aprender a reconocer nuestros límites es el primer paso para una planificación efectiva y con sentido. El coaching como herramienta para diseñar metas realistas que nazcan de una intención clara y no de una exigencia desmedida.

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Buenos Aires – 19 de enero de 2026 – ¿Qué es lo que nos sucede con enero y esa búsqueda inquebrantable de nuevos objetivos? Si bien no está mal plantearnos nuevos propósitos, es vital aprender a reconocer nuestros propios límites y los de nuestro contexto.

Desde pequeños nos han enseñado que para lograr grandes cosas debemos ser exigentes con nosotros mismos. Sin embargo, ¿y si la clave para un año “ganado” no fuera la disciplina, sino la flexibilidad consciente?

La frustración no suele nacer de la falta de capacidad para alcanzar una meta, sino de la brecha entre una expectativa idealizada y nuestra propia humanidad. Es momento de dejar de planificar “el año perfecto” para empezar a diseñar un año real. Para esto, herramientas como las del coaching pueden ayudarte a transformar la presión en propósito y la exigencia en una estrategia sostenible.

La planificación con sentido

Uno de los errores más comunes es establecer metas desconectadas de una intención clara. No se trata solo de qué queremos lograr, sino del para qué. Entonces, es importante preguntarnos “¿Qué es verdaderamente importante para mi en esa etapa de mi vida?”

Cuando los objetivos no responden a una visión personal o profesional significativa, pierden fuerza y se abandonan con facilidad. Una alternativa poderosa es comenzar desde la intención ya que actúan como un ancla interna que orienta decisiones, comportamientos y prioridades a lo largo del año. A diferencia de los objetivos rígidos, permiten flexibilidad y adaptación en un entorno que cambia constantemente.

Para evitar la frustración al planificar, Suzette Roldán, Presidente del Capítulo de ICF Puerto Rico, nos comparte algunos principios clave pueden marcar la diferencia:

  • Reducir la cantidad de objetivos y enfocarse en lo esencial ¿Qué pasaría si elegís menos, pero con mayor intención y coherencia?
  • Definir metas realistas, considerando recursos, contexto y momento vital ¿Este objetivo te impulsa o te exige desde un lugar poco sostenible?
  • Construir un andamiaje de apoyo: hábitos, conversaciones y estructuras que sostengan el proceso ¿Qué necesitas fortalecer para que este objetivo tenga espacio real en tu vida?
  • Revisar y ajustar sin culpa, entendiendo que cambiar de rumbo también es avanzar ¿Te das permiso para aprender y recalibrar en el camino?

Planificar desde la intención no es bajar la ambición; es elevar la conciencia. Es elegir crecer sin exigencias desmedidas, avanzar con sentido y construir un año que refleje autenticidad, propósito y aprendizaje continuo.