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Autoridad interna: el paso definitivo para desmontar el “Síndrome de la Impostora”
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¿Es falta de confianza o es la respuesta a un entorno que históricamente ha cuestionado la capacidad femenina? Estas son 3 preguntas para resignificar la identidad y habitar el logro sin culpas ni explicaciones.

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Buenos Aires, 11 de marzo de 2025 – En el marco del Día Internacional de la Mujer, la narrativa empresarial suele enfocarse en las brechas salariales o los techos de cristal. Sin embargo, existe una barrera más sutil pero igualmente poderosa: el “Síndrome de la Impostora”

Tradicionalmente, esta experiencia de sentirse como una “fraude” y de no merecer su lugar a pesar de existir evidencia objetiva de éxito y competencia, se ha abordado como un fallo de confianza que la mujer debe “corregir” con más esfuerzo. Sin embargo, es importante entender que este fenómeno no es una problemática individual, sino una respuesta lógica a un entorno que, históricamente, ha cuestionado la competencia femenina. Por tanto, si una profesional siente que no pertenece a un espacio de toma de decisiones, no es por una carencia propia sino por el resultado de habitar un sistema que ha definido el éxito y el liderazgo bajo parámetros que no la incluyen.

Desmontar este constructo implica reconocer que muchas de las mujeres que experimentan el “Síndrome de la Impostora” están sobradamente calificadas. Entonces, lo que está en juego no es la capacidad técnica, sino la legitimidad percibida. Por ello, el acto más relevante no es ganar más confianza, sino distinguir si esa duda nace de una incapacidad real o de un entorno que no ha validado históricamente su identidad profesional.

En este escenario, el coaching profesional nos invita a intervenir desde una perspectiva dual y estratégica:

  1. Nivel individual: acompañar la toma de conciencia sobre los propios logros, recursos y competencias, transformando el mérito de una “sensación” a un dato objetivo.
  2. Nivel sistémico: cuestionar las narrativas sociales que han definido qué es autoridad o éxito.

Erica Tamagusuku, coach certificada por la Federación Internacional de Coaching (ICF), presenta un concepto clave: la autoridad interna, como la capacidad de declararse competente sin necesidad de validación constante. 

Trabajarla supone revisar las conversaciones que sostenemos con nosotras mismas, por lo que propone 3 preguntas para hacerse, resignificar la experiencia y fortalecer una identidad profesional basada en hechos, valores y elección consciente:  

  1. ¿Qué estándares estoy intentando cumplir y quién los definió?
  2. ¿Qué evidencia concreta contradice mi narrativa de insuficiencia?
  3. ¿Qué decisiones postergo por miedo a parecer “demasiado”?

“Estas interrogantes son herramientas de soberanía profesional. Cuando una mujer deja de pedir permiso para ocupar su lugar, no está ignorando el contexto; está eligiendo dejar de reproducir en su interior las mismas voces que históricamente la cuestionaron” sostiene la coach de ICF. 

Desmontar la “impostora” no consiste en convencer a alguien de que es capaz, sino en acompañarla a reconocer que ya lo es. Es entender que la duda no siempre habla de incapacidad, sino de un sistema que necesita ser revisado.